La poca importancia del dinero para Juan Gil-Albert

PEDRO GARCÍA CUETO


Hay estudios de Gil-Albert que han tenido menos repercusión, pero no son, por ello, menos importantes. He elegido su ensayo llamado Ploutos o el dinero, interesante análisis que va a darnos un aspecto más de la personalidad del escritor alicantino.

Este ensayo sigue a las obras más importantes en prosa, donde han aparecido los temas más sobresalientes de su idea vital: el tema de España, la homosexualidad, su vida y anécdotas, el arte y sus preferencias y el tema del dinero que es aquí criticado con vehemencia.

Para comenzar, es importante añadir que el ensayo está incluido en el volumen 6 de su obra en prosa, titulado Mesa revuelta que apareció gracias a la Institución Alfonso el Magnánimo y a la diputación de Valencia.

Es interesante citar el acertado prólogo de César Simón, gran conocedor de la obra de Gil-Albert, a este volumen. No hay que olvidar que Simón era primo del escritor alicantino y realizó la tesis doctoral sobre la poesía del escritor alicantino. La cercanía y la pasión por la obra del escritor no mermó la calidad de las opiniones acerca de su literatura. Veamos lo que dice en el citado prólogo: “Sobresale de modo notable en la expresión de los valores estéticos. Aquí toca fondo Gil-Albert, guiado por una inteligencia con sentido-con sentidos- sobre todo en esa capacidad para lo que es como un vacío claro” (César Simón, 1984: 11). ¿Qué quiere decir el poeta valenciano? Sin duda, se refiere a la visión estética como fondo, donde el objetivo primordial es la belleza en todas sus manifestaciones, lo que le lleva a insistir en la forma, sin que el fondo pierda entidad, sino que cobra un especial destello y una notable delicadeza.

César Simón insiste en este estudio acerca de ese deseo de hacer del estilo fondo y

forma en la obra de Gil-Albert: “Su amor a lo estilizado lo inclina por un lado peligroso, al menos para los que preferimos un estilo más suelto. Pero el ejercicio consiste en bordear el amaneramiento no sólo sin naufragar en él, sino explotándolo en la medida que no se naufraga” (César Simón, 1984: 14).

Solo un virtuoso de la palabra puede conseguirlo y, en mi opinión, Gil-Albert no lo consigue siempre, como sí cree fervorosamente Simón. Pese a ello, sí bordea ese naufragio y sale, en muchas ocasiones, victorioso del mismo. Para conseguirlo el escritor alicantino dota a su estilo de una clara coincidencia con el fondo, porque los temas están revestidos de belleza: arte, naturaleza, etc. Cuando no es así, puede resultar algo espeso, pero la pasión del escritor le salva de ese marasmo.

PLOUTOS O EL DINERO

En el caso que nos ocupa, comento el ensayo Ploutos o el dinero, señalando lo que me parece significativo para conocer mejor a Gil-Albert.

El estudio se extiende como un repaso (incisivo, como siempre) por un tiempo pasado: las huelgas, las operetas, etc., que vivió en su niñez.

Lo que me interesa resaltar es el contraste que expone Gil-Albert entre el lujo que fue conociendo en su juventud en Valencia y el socialismo emergente que empezó a vertebrar su existencia de una cierta solidaridad, contraria al derroche conocido.

Dice el escritor alicantino lo siguiente: “Yo creo, más bien, que es el lujo y el bienestar los que hicieron posible el socialismo” (Juan Gil-Albert, 1984: 331).

Lo que sostiene Gil-Albert en este ensayo tiene que ver con el hecho de que el derroche del dinero y la desigualdad económica de las clases sociales han dado lugar a un claro interés en luchar para cambiar tal injusticia.

Pasa luego a contarnos la simultaneidad de las fiestas de la alta sociedad y las huelgas en la calle como dos mundos que se oponen y que han de chocar irreversiblemente.

Más adelante, volverá a insistir en el dinero, ¿Qué significa para Gil-Albert el mismo? Para el escritor, es la obsesión del hombre, que niega su realización personal, en pos de mayores satisfacciones, de mayores comodidades. El dinero se convierte, por ello, en una enfermedad interior, insatisfecha siempre que anula la esencia moral del hombre sustituida por un bien material: “Esta realidad del dinero se ha hecho carne con el hombre, y no le deja vivir… Sin él” (Juan Gil-Albert, 1984: 358).

Para Gil-Albert el hombre se elimina a través de su obsesión por la posesión del vellocino de oro: <<Nunca aparece el hombre tan miserable como cuando se ilumina por dentro el sentido verdadero de su “riqueza”>> (Juan Gil-Albert, 1984: 359).

Para él, como ya vimos en la Crónica General, lo importante no es tener mucho dinero, sino no tener apego al mismo, saber gastarlo, despreciarlo al no quererlo conservar. Para el escritor alicantino, el dinero ha entrado como un vendaval en todas las clases sociales y tan poderoso elemento ha viciado sus conductas: “Pero hoy día, por imposición de las circunstancias, grandes, medianos y chicos, han sucumbido, más que al afán, a la maldición del dinero” (Juan Gil-Albert, 1984: 365).

Resulta muy interesante lo que Gil-Albert propone después: la igualdad de los ricos y los menos ricos ante la vulgarización de la riqueza. ¿Qué quiere decir con esto? Ni más ni menos que el dinero ha hecho que la aristocracia olvide su elegancia y su distinción de clase. Ya no hay distinciones: el dinero lo es todo. Así lo certifica Gil-Albert: “El dinero ha dejado de ser creador” (Juan Gil-Albert, 1984: 368).

Considera que los ricos se han vulgarizado: “Se visten como el vulgo, se divierten como el vulgo, y piensan como él” (Juan Gil-Albert, 1984: 368).

El panorama, para el escritor, no puede ser más desolador: se ha perdido la distinción, la actitud de clase frente al poder inmenso de lo material.

Lo que el artista alicantino nos quiere decir es que ha desaparecido el mundo del lujo que conoció de niño, las grandes fiestas, las actitudes de ser delicado, cuidadoso, extremadamente refinado en pos de un mercantilismo atroz. La visión ética de la vida del escritor aparece aquí: no es el tener lo que importa, sino ser. Tampoco elude la visión estética, ese mundo estaba lleno de elegancia y belleza y ahora, por desgracia, nadie distingue los unos de los otros.

El ensayo es, a pesar de haberse escrito en 1956, bastante actual, en el sentido de la honestidad que posee al plantar cara al materialismo imperante en la sociedad actual, donde la felicidad no consiste en ser honesto o sensible, sino en tener casas, coches, etc.

Acierta el escritor alicantino en esta visión desoladora de una etapa que, vista desde el tiempo actual, no era para nada tan materialista, aunque éste, desde su visión ética, ya intuyese el proceso irreversible que se estaba produciendo hacia el materialismo.

Terminará el estudio, nivelando a todos por su obsesión compulsiva de identificar, erróneamente, ser y tener: “Hasta el punto de que ser, hoy, actual, supone, necesariamente, vivir aquejado por el morbo del dinero; todos apuran la copa vital del momento en que les ha tocado existir” (Juan Gil-Albert, 1984: 372).

Puede que fuese demasiado pesimista para su tiempo y no debemos pensar que el dinero anula las cualidades intrínsecas del ser humano como la justicia, la amistad, el amor, etc. Pero lo que sí es cierto es que influye y modifica algunas de ellas, cuando la integridad personal no está suficientemente bien constituida y el tener sustituye al ser.

Curioso ensayo que merece la pena tener en cuenta para conocer el sentido ético de Gil-Albert ante un fenómeno, el afán de poseer cosas, que ya identificaba la vida del ser humano y que se ha agravado, sin duda, en los 49 años transcurridos desde la creación de este interesante ensayo.

CONCLUSIÓN: PLOUTOS O EL DINERO

Cabe decir, como conclusión a este ensayo dedicado al dinero, que la visión del escritor alicantino coincide con una reivindicación del lujo, es decir, con la elegancia de aquel que posee dinero, pero no vive para él, siendo su verdadero objetivo hacer de su vida un continuo placer.

Gil-Albert se refiere en el estudio a la trivialización del dinero, todo el mundo desea tenerlo, por tanto, ya no se disfruta de lo que proporciona, porque su mayor afán es tener más y no conseguir placer de una casa o un coche. El dinero se convierte así en un medio que impide la felicidad. Los ricos, para el escritor alicantino, se vuelven mediocres, ya no exhiben sus buenas maneras, sino que se parecen demasiado al resto de la sociedad. Lo que, para el escritor, era una característica que definía a la aristocracia como “clase” se pierde, ante su identificación con la plebe.

El lujo, el cual representaba una forma de distinción situada en las maneras de comportarse, en los pequeños detalles que manifestaban una superioridad de unos hombres sobre otros, desaparece ante el afán de tener dinero.

Gil-Albert manifiesta que se ha cambiado el ser por el tener, confundiendo ambas actitudes de la vida, el hombre adinerado se empeña en comprar más cosas, minusvalorando las que ya tiene por el hecho de que ya las ha conseguido.

Es, sin duda, un interesante ensayo, ya que puede extenderse a la llamada clase media, donde el afán de consumir ha llevado, tanto a los niños como a los adultos a tener muchas más cosas de las que necesitan. Como vemos, el dinero lo es todo para muchos.

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